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martes, 1 de diciembre de 2020
domingo, 29 de noviembre de 2020
AUTOESTIMA Y PNL Ficha: 2184828
Autoestima y PNL (Programación NeuroLinguistica)
¿Por qué es importante la autoestima?
En primer lugar, porque se ha demostrado, que la autoestima está relacionada con la salud, y que la carencia de autoestima (sentimiento de inadecuación y de falta de valor) está relacionada con la enfermedad (depresión, suicidio, ansiedad, relaciones problemáticas, trastornos de personalidad).
En segundo lugar, porque la autoestima es importante científica y socialmente: en los últimos 25 años se han publicado más de 10.000 artículos científicos sobre la autoestima, y se han construido más de 2.000 instrumentos de medida para evaluarla.
Y finalmente, porque la autoestima funciona como una profecía autocumplida. Muchas veces pensamos que el mundo no nos trata como merecemos. Sin embargo, la verdad es que el modo como nos trata el mundo es un reflejo de como nos tratamos a nosotros mismos. Una buena autoestima genera un ciclo de conductas autopotenciadoras, mientras que una autoestima deficiente genera un ciclo de conductas autodestructivas.
La autoestima es una convicción, una creencia, y toda creencia, una vez establecida, actúa como un filtro cuya función es perpetuar la creencia. ¿Cómo?: seleccionando sesgadamente información en el mundo, es decir, buscando selectivamente experiencias vitales que confirmen esa creencia.
Desde ésta perspectiva, ¿Qué es la autoestima?
Mruk en su libro Autoestima: investigación, teoría y práctica (ver Bibliografía), analiza las diferentes teorías psicológicas sobre la autoestima, para tratar de encontrar aquellos factores comunes presentes en todas ellas, que serán por tanto los más significativos para entender y conceptualizar la autoestima.
Como resultado de su investigación, muestra que existen dos factores presentes en la mayoría de teorías psicológicas sobre la autoestima, y como resultado de ello, define la autoestima como el hecho de sentirme valioso (merecedor) y capaz (competente).
Es decir, la autoestima es la convicción, basada en mi experiencia, de que soy: (1) merecedor y (2) competente, es decir, la convicción de que: (1) tengo derecho a satisfacer mis necesidades vitales y a ser feliz, y (2) soy apto para afrontar adecuadamente los desafíos básicos de la vida.
Así pues, la autoestima resulta de la interacción de dos componentes: merecimiento y competencia.
Además, la autoestima actúa como una fuerza que organiza mi percepción, mi experiencia y mi conducta a lo largo del tiempo. Es decir, la autoestima moldea mi conducta, a la vez que es moldeada por ella: la autoestima proporciona estabilidad a mi conducta, y al mismo tiempo permanece abierta al cambio.
Los dos componentes de la autoestima: competencia y merecimiento
La autoestima es el resultado de la interacción entre la competencia y el merecimiento. La competencia tiene más que ver con lo conductual (establecer y lograr metas), y el merecimiento con lo cognitivo (juicio o creencia sobre mí mismo).
Competencia
Sentirme competente es sentirme capaz de manejar los retos de la vida, de establecer y lograr mis metas, de resolver los problemas del día a día. Sentirme competente es sentirme capaz [creencia de capacidades ] de ejercer influencia en la vida, de tener autocontrol y autonomía, de funcionar adecuadamente en la vida, a pesar de mis limitaciones errores y carencias.
Sentirme competente es tener confianza en que soy actor de mi propia vida: puedo tener control sobre mi propia vida, puedo conseguir lo que quiero. Por el contrario, sentirme incompetente es creer que soy un espectador pasivo de mi vida, una víctima de los acontecimientos.
¿Por qué puedo confiar en que puedo conseguir lo que quiero?. Porque tengo las capacidades suficientes para ello. Porque puedo confiar en lo que ya sé y he aprendido a lo largo de mi vida. Y porque puedo confiar en mis capacidades de pensar por mí mismo, de aprender (copiar, modelar) y de crear (inventar) en relación a lo que aún no sé pero puedo saber.
Merecimiento
El merecimiento es estar convencido de que soy un ser humano digno de ser feliz, de satisfacer mis necesidades, de disfrutar de mis logros, de ser apreciado y querido por mí mismo y por los demás [creencia de identidad ]. El merecimiento es un sentido de valor y significado en relación con lo que estoy haciendo. Y todo ello a pesar de mis limitaciones, errores y carencias. El merecimiento es un sentimiento íntimo de valor e importancia como ser humano independientemente de mis realizaciones concretas.
Dimensiones y ámbitos de la autoestima
La autoestima, como sentimiento de competencia productiva o eficaz, puede referirse a la globalidad de la persona, o a las diferentes dimensiones de la personalidad: física, sexual, emocional, mental, y espiritual. Es habitual que la persona tenga mejor autoestima en algunas dimensiones de su personalidad que en otras.
Asimismo la vida transcurre en diferentes situaciones o ámbitos [contextos para la PNL], que podemos resumir en: familiar, laboral, ocio, amistades, social (asociaciones, política). En cada uno de estos ámbitos la persona puede sentirse con diferentes niveles de autoestima.
La información sobre las diferencias de autoestima en relación con las dimensiones de la personalidad y los ámbitos vitales, puede ayudar a la persona a identificar qué aspectos de su persona y de su vida le conviene preferentemente trabajar.
Hasta aquí hemos visto por qué es importante la autoestima, qué es la autoestima, y sus dimensiones y ámbitos. En el próximo artículo describiré algunas maneras de mejorar la autoestima, comentaré la relación existente entre la PNL y la autoestima, y mostraré cómo la formación en PNL favorece y mejora la autoestima de las personas.
En primer lugar, porque se ha demostrado, que la autoestima está relacionada con la salud, y que la carencia de autoestima (sentimiento de inadecuación y de falta de valor) está relacionada con la enfermedad (depresión, suicidio, ansiedad, relaciones problemáticas, trastornos de personalidad).
En segundo lugar, porque la autoestima es importante científica y socialmente: en los últimos 25 años se han publicado más de 10.000 artículos científicos sobre la autoestima, y se han construido más de 2.000 instrumentos de medida para evaluarla.
Y finalmente, porque la autoestima funciona como una profecía autocumplida. Muchas veces pensamos que el mundo no nos trata como merecemos. Sin embargo, la verdad es que el modo como nos trata el mundo es un reflejo de como nos tratamos a nosotros mismos. Una buena autoestima genera un ciclo de conductas autopotenciadoras, mientras que una autoestima deficiente genera un ciclo de conductas autodestructivas.
La autoestima es una convicción, una creencia, y toda creencia, una vez establecida, actúa como un filtro cuya función es perpetuar la creencia. ¿Cómo?: seleccionando sesgadamente información en el mundo, es decir, buscando selectivamente experiencias vitales que confirmen esa creencia.
Desde ésta perspectiva, ¿Qué es la autoestima?
Mruk en su libro Autoestima: investigación, teoría y práctica (ver Bibliografía), analiza las diferentes teorías psicológicas sobre la autoestima, para tratar de encontrar aquellos factores comunes presentes en todas ellas, que serán por tanto los más significativos para entender y conceptualizar la autoestima.
Como resultado de su investigación, muestra que existen dos factores presentes en la mayoría de teorías psicológicas sobre la autoestima, y como resultado de ello, define la autoestima como el hecho de sentirme valioso (merecedor) y capaz (competente).
Es decir, la autoestima es la convicción, basada en mi experiencia, de que soy: (1) merecedor y (2) competente, es decir, la convicción de que: (1) tengo derecho a satisfacer mis necesidades vitales y a ser feliz, y (2) soy apto para afrontar adecuadamente los desafíos básicos de la vida.
Así pues, la autoestima resulta de la interacción de dos componentes: merecimiento y competencia.
Además, la autoestima actúa como una fuerza que organiza mi percepción, mi experiencia y mi conducta a lo largo del tiempo. Es decir, la autoestima moldea mi conducta, a la vez que es moldeada por ella: la autoestima proporciona estabilidad a mi conducta, y al mismo tiempo permanece abierta al cambio.
Los dos componentes de la autoestima: competencia y merecimiento
La autoestima es el resultado de la interacción entre la competencia y el merecimiento. La competencia tiene más que ver con lo conductual (establecer y lograr metas), y el merecimiento con lo cognitivo (juicio o creencia sobre mí mismo).
Competencia
Sentirme competente es sentirme capaz de manejar los retos de la vida, de establecer y lograr mis metas, de resolver los problemas del día a día. Sentirme competente es sentirme capaz [creencia de capacidades ] de ejercer influencia en la vida, de tener autocontrol y autonomía, de funcionar adecuadamente en la vida, a pesar de mis limitaciones errores y carencias.
Sentirme competente es tener confianza en que soy actor de mi propia vida: puedo tener control sobre mi propia vida, puedo conseguir lo que quiero. Por el contrario, sentirme incompetente es creer que soy un espectador pasivo de mi vida, una víctima de los acontecimientos.
¿Por qué puedo confiar en que puedo conseguir lo que quiero?. Porque tengo las capacidades suficientes para ello. Porque puedo confiar en lo que ya sé y he aprendido a lo largo de mi vida. Y porque puedo confiar en mis capacidades de pensar por mí mismo, de aprender (copiar, modelar) y de crear (inventar) en relación a lo que aún no sé pero puedo saber.
Merecimiento
El merecimiento es estar convencido de que soy un ser humano digno de ser feliz, de satisfacer mis necesidades, de disfrutar de mis logros, de ser apreciado y querido por mí mismo y por los demás [creencia de identidad ]. El merecimiento es un sentido de valor y significado en relación con lo que estoy haciendo. Y todo ello a pesar de mis limitaciones, errores y carencias. El merecimiento es un sentimiento íntimo de valor e importancia como ser humano independientemente de mis realizaciones concretas.
Dimensiones y ámbitos de la autoestima
La autoestima, como sentimiento de competencia productiva o eficaz, puede referirse a la globalidad de la persona, o a las diferentes dimensiones de la personalidad: física, sexual, emocional, mental, y espiritual. Es habitual que la persona tenga mejor autoestima en algunas dimensiones de su personalidad que en otras.
Asimismo la vida transcurre en diferentes situaciones o ámbitos [contextos para la PNL], que podemos resumir en: familiar, laboral, ocio, amistades, social (asociaciones, política). En cada uno de estos ámbitos la persona puede sentirse con diferentes niveles de autoestima.
La información sobre las diferencias de autoestima en relación con las dimensiones de la personalidad y los ámbitos vitales, puede ayudar a la persona a identificar qué aspectos de su persona y de su vida le conviene preferentemente trabajar.
Hasta aquí hemos visto por qué es importante la autoestima, qué es la autoestima, y sus dimensiones y ámbitos. En el próximo artículo describiré algunas maneras de mejorar la autoestima, comentaré la relación existente entre la PNL y la autoestima, y mostraré cómo la formación en PNL favorece y mejora la autoestima de las personas.
¿Cómo
mejorar la autoestima?: las fuentes de la autoestima
Como ya sabemos, la autoestima consiste en sentirme valioso (merecedor) y capaz (competente).
La autoestima es la convicción, basada en mi experiencia, de que soy: merecedor (tengo derecho a satisfacer mis necesidades vitales y a ser feliz) y competente (soy apto para afrontar adecuadamente los desafíos básicos de la vida).
Por eso, para mejorar la autoestima necesitaremos mejorar los sentimientos de competencia y merecimiento de la persona.
Algunas fuentes de competencia
Todas aquellas actividades que favorezcan o mejoren mi sentimiento de capacidad en cualquier ámbito o dimensión de mi persona o de mi vida, favorecerán mi autoestima.
Algunas de las fuentes más importantes de competencia son las siguientes:
Como ya sabemos, la autoestima consiste en sentirme valioso (merecedor) y capaz (competente).
La autoestima es la convicción, basada en mi experiencia, de que soy: merecedor (tengo derecho a satisfacer mis necesidades vitales y a ser feliz) y competente (soy apto para afrontar adecuadamente los desafíos básicos de la vida).
Por eso, para mejorar la autoestima necesitaremos mejorar los sentimientos de competencia y merecimiento de la persona.
Algunas fuentes de competencia
Todas aquellas actividades que favorezcan o mejoren mi sentimiento de capacidad en cualquier ámbito o dimensión de mi persona o de mi vida, favorecerán mi autoestima.
Algunas de las fuentes más importantes de competencia son las siguientes:
· aprender a
establecer y lograr objetivos personales significativos
· aprender a
resolver los problemas que me plantea la vida
· obtener
pruebas de mi poder e influencia en el mundo; ¿cómo?: actuando autónomamente y
comprobando que mis actos tienen consecuencias en la marcha del mundo.
La palabra poder despierta a veces bastantes suspicacias. Aquí entendemos poder como el poder de hacer cosas, es decir la facultad del ser humano de actuar por propia iniciativa siendo actor de su propia vida (pro-acción autónoma), en lugar de re-accionar pasivamente como espectador o víctima de los estímulos y circunstancias de la vida.
Algunas fuentes de merecimiento
Todas aquellas actividades que favorezcan o mejoren mi sentimiento de merecimiento en cualquier ámbito o dimensión de mi persona o de mi vida, favorecerán mi autoestima.
Algunas de las fuentes más importantes de merecimiento son las siguientes:
La palabra poder despierta a veces bastantes suspicacias. Aquí entendemos poder como el poder de hacer cosas, es decir la facultad del ser humano de actuar por propia iniciativa siendo actor de su propia vida (pro-acción autónoma), en lugar de re-accionar pasivamente como espectador o víctima de los estímulos y circunstancias de la vida.
Algunas fuentes de merecimiento
Todas aquellas actividades que favorezcan o mejoren mi sentimiento de merecimiento en cualquier ámbito o dimensión de mi persona o de mi vida, favorecerán mi autoestima.
Algunas de las fuentes más importantes de merecimiento son las siguientes:
· autonomía:
actuar en base a creencias y valores propios (en lugar de actuar guiado por
creencias y valores "sociales")
· asertividad:
defender mis derechos, respetando los de los demás
· coherencia
[congruencia para la PNL] o valoración propia: vivir fundamentalmente de
acuerdo con los valores vinculados a mi autoestima, lo cual me permite
valorarme a mí mismo
· valoración
ajena: recibir valoración de los demás, como persona o como grupo, en relación
a los valores vinculados a mi autoestima
Autoestima y PNL
Ahora que ya sabemos qué es la autoestima y cómo mejorarla, es fácil darnos cuenta de que las presuposiciones y las técnicas de PNL están relacionadas con la autoestima y constituyen una valiosa fuente de apoyo de la misma.
Algunas fuentes de merecimiento de la PNL
Como el merecimiento es una creencia de identidad, serán sobre todo algunas creencias (presuposiciones) de la PNL las que contribuirán a mejorar el sentimiento de merecimiento personal.
En efecto, determinadas presuposiciones de la PNL ayudan a que la persona se sienta valiosa y digna de respeto a pesar de sus errores y limitaciones, es decir, merecedora de ser feliz y de lograr los objetivos que desea para su vida.
Algunas de estas presuposiciones son las siguientes:
- el respeto de la ecología personal y social
- la presuposición de la intención positiva de cualquier conducta
- la presuposición de la utilidad de cualquier conducta en un contexto adecuado
- la presuposición de que toda persona elige siempre la mejor alternativa en su modelo de mundo
Algunas fuentes de competencia de la PNL
Como el sentimiento de competencia es una creencia de capacidad, serán sobre todo las diferentes técnicas de PNL las que contribuirán a mejorar el sentimiento de competencia personal.
En efecto, las técnicas de PNL están orientadas a mejorar la comunicación, a cambiar alguna conducta personal, a resolver un problema, o a obtener un objetivo. Por tanto, cualquier técnica de PNL mejorará el sentimiento de competencia (de capacidad) de la persona en el tema concreto al que se refiera dicha técnica.
Por otro lado, las presuposiciones más prácticas de la PNL, es decir, aquellas que están más orientadas al logro de resultados, también contribuirán a mejorar el sentimiento de competencia de la persona.
Mencionaremos a continuación algunas de las presuposiciones y técnicas más conocidas de la PNL que contribuyen a mejorar el factor de competencia de la autoestima:
- presuposición de que no existe fracaso, solo resultados (si algo no funciona prueba otra cosa): favorece la capacidad de aprender del error
- presuposición de que toda conducta biológicamente factible puede ser aprendida: favorece la confianza en mi capacidad de aprender lo que aún no sé
- técnicas de empatía: mejoran mis capacidades para relacionarme conmigo mismo y con los demás
- técnicas lingüísticas (metamodelo e hipnosis ericksoniana): mejoran mi capacidad de comprender a los demás y mi capacidad de ayudar a que los demás consigan aquellos cambios que desean para su vida
- técnicas de anclaje: sirven para poder aplicar los recursos y capacidades que tengo en un ámbito de mi vida a otros ámbitos de mi vida; además pueden servirme de excelente "acumulador" de autoestima (haciendo un apilamiento de anclas de mis capacidades más significativas)
- técnicas de submodalidades: desarrollan mi capacidad para transformar rápidamente estados o experiencias limitantes en otros estados o experiencias potenciadoras
- técnicas de resolución de conflictos (reencuadre, polaridades): favorecen el incremento de mis capacidades para afrontar y resolver conflictos internos y externos en los diferentes ámbitos de mi vida
- modelado de estrategias eficientes: cualquier estrategia de excelencia mejora mis capacidades para conseguir el objetivo de esa estrategia, por ejemplo, estrategias de buena formulación de objetivos, estrategias de ecología, estrategias de motivación, estrategias de creatividad, etc.
Como escribió una alumna al concluir la formación de Practitioner en PNL:
"Lo más valioso ha sido el aprendizaje de múltiples herramientas de mejora personal, que me hacen sentir más seguridad y confianza en mí misma, y me permiten ser más tolerante con las demás personas"
Autoestima y PNL
Ahora que ya sabemos qué es la autoestima y cómo mejorarla, es fácil darnos cuenta de que las presuposiciones y las técnicas de PNL están relacionadas con la autoestima y constituyen una valiosa fuente de apoyo de la misma.
Algunas fuentes de merecimiento de la PNL
Como el merecimiento es una creencia de identidad, serán sobre todo algunas creencias (presuposiciones) de la PNL las que contribuirán a mejorar el sentimiento de merecimiento personal.
En efecto, determinadas presuposiciones de la PNL ayudan a que la persona se sienta valiosa y digna de respeto a pesar de sus errores y limitaciones, es decir, merecedora de ser feliz y de lograr los objetivos que desea para su vida.
Algunas de estas presuposiciones son las siguientes:
- el respeto de la ecología personal y social
- la presuposición de la intención positiva de cualquier conducta
- la presuposición de la utilidad de cualquier conducta en un contexto adecuado
- la presuposición de que toda persona elige siempre la mejor alternativa en su modelo de mundo
Algunas fuentes de competencia de la PNL
Como el sentimiento de competencia es una creencia de capacidad, serán sobre todo las diferentes técnicas de PNL las que contribuirán a mejorar el sentimiento de competencia personal.
En efecto, las técnicas de PNL están orientadas a mejorar la comunicación, a cambiar alguna conducta personal, a resolver un problema, o a obtener un objetivo. Por tanto, cualquier técnica de PNL mejorará el sentimiento de competencia (de capacidad) de la persona en el tema concreto al que se refiera dicha técnica.
Por otro lado, las presuposiciones más prácticas de la PNL, es decir, aquellas que están más orientadas al logro de resultados, también contribuirán a mejorar el sentimiento de competencia de la persona.
Mencionaremos a continuación algunas de las presuposiciones y técnicas más conocidas de la PNL que contribuyen a mejorar el factor de competencia de la autoestima:
- presuposición de que no existe fracaso, solo resultados (si algo no funciona prueba otra cosa): favorece la capacidad de aprender del error
- presuposición de que toda conducta biológicamente factible puede ser aprendida: favorece la confianza en mi capacidad de aprender lo que aún no sé
- técnicas de empatía: mejoran mis capacidades para relacionarme conmigo mismo y con los demás
- técnicas lingüísticas (metamodelo e hipnosis ericksoniana): mejoran mi capacidad de comprender a los demás y mi capacidad de ayudar a que los demás consigan aquellos cambios que desean para su vida
- técnicas de anclaje: sirven para poder aplicar los recursos y capacidades que tengo en un ámbito de mi vida a otros ámbitos de mi vida; además pueden servirme de excelente "acumulador" de autoestima (haciendo un apilamiento de anclas de mis capacidades más significativas)
- técnicas de submodalidades: desarrollan mi capacidad para transformar rápidamente estados o experiencias limitantes en otros estados o experiencias potenciadoras
- técnicas de resolución de conflictos (reencuadre, polaridades): favorecen el incremento de mis capacidades para afrontar y resolver conflictos internos y externos en los diferentes ámbitos de mi vida
- modelado de estrategias eficientes: cualquier estrategia de excelencia mejora mis capacidades para conseguir el objetivo de esa estrategia, por ejemplo, estrategias de buena formulación de objetivos, estrategias de ecología, estrategias de motivación, estrategias de creatividad, etc.
Como escribió una alumna al concluir la formación de Practitioner en PNL:
"Lo más valioso ha sido el aprendizaje de múltiples herramientas de mejora personal, que me hacen sentir más seguridad y confianza en mí misma, y me permiten ser más tolerante con las demás personas"
viernes, 27 de noviembre de 2020
Lectura: ELOGIO DE LA DIFICULTA - taller (ESTANISLAO ZULETA) Ficha: 2142372
Muy buenas. Esta lectura constituye la segunda actividad a realizar en este interesante proceso formativo. Tengo claro que no es una lectura fácil, pero podemos hacerlo y complementa la actividad que venimos desarrollando a propósito de los videos sobre Dignidad Humana y la pregunta sobre RESPETO, que debimos haber realizado ya. Al final encuentran un taller cuyo primer punto es: ELABORAR UN GLOSARIO (palabras y su significado) con las palabras que encuentren en la lectura y cuyo significado no conozcan. Vamos a realizar una primera lectura buscando esas palabras y elaborando el Glosario. Éxitos.
Elogio de la dificultad
Estanislao
Zuleta
La
pobreza y la impotencia de la imaginación nunca se manifiestan de una manera
tan clara como cuando se trata de imaginar la felicidad. Entonces comenzamos a
inventar paraísos, islas afortunadas, países de cucaña. Una vida sin riesgos,
sin lucha, sin búsqueda de superación y sin muerte. Y, por tanto, también sin
carencias y sin deseo: un océano de mermelada sagrada, una eternidad de
aburrición. Metas afortunadamente inalcanzables, paraísos afortunadamente
inexistentes.
Todas estas fantasías serían inocentes e inocuas, sino fuera porque constituyen el modelo de nuestros anhelos en la vida práctica.
Aquí mismo en los proyectos de la existencia cotidiana, más acá del reino de las mentiras eternas, introducimos también el ideal tonto de la seguridad garantizada; de las reconciliaciones totales; de las soluciones definitivas.
Puede decirse que nuestro problema no consiste solamente ni principalmente en que no seamos capaces de conquistar lo que nos proponemos, sino en aquello que nos proponemos: que nuestra desgracia no está tanto en la frustración de nuestros deseos, como en la forma misma de desear. Deseamos mal.
En lugar de desear una relación humana inquietante, compleja y perdible, que estimule nuestra capacidad de luchar y nos obligue a cambiar, deseamos un idilio sin sombras y sin peligros, un nido de amor, y por lo tanto, en última instancia un retorno al huevo. En vez de desear una sociedad en la que sea realizable y necesario trabajar arduamente para hacer efectivas nuestras posibilidades, deseamos un mundo de satisfacción, una monstruosa sala-cuna de abundancia pasivamente recibida.
En lugar de desear una filosofía llena de incógnitas y preguntas abiertas, queremos poseer una doctrina global, capaz de dar cuenta de todo, revelada por espíritus que nunca han existido o por caudillos que desgraciadamente sí han existido.
Adán y sobre todo Eva, tienen el mérito original de habernos liberado del paraíso, nuestro pecado es que anhelamos regresar a él.
Desconfiemos de las mañanas radiantes en las que se inicia un reino milenario. Son muy conocidos en la historia, desde la Antigüedad hasta hoy, los horrores a los que pueden y suelen entregarse los partidos provistos de una verdad y de una meta absolutas, las iglesias cuyos miembros han sido alcanzados por la gracia –por la desgracia– de alguna revelación. El estudio de la vida social y de la vida personal nos enseña cuán próximos se encuentran una de otro la idealización y el terror. La idealización del fin, de la meta y el terror de los medios que procurarán su conquista. Quienes de esta manera tratan de someter la realidad al ideal, entran inevitablemente en una concepción paranoide de la verdad; en un sistema de pensamiento tal, que los que se atreverían a objetar algo quedan inmediatamente sometidos a la interpretación totalitaria: sus argumentos, no son argumentos, sino solamente síntomas de una naturaleza dañada o bien máscaras de malignos propósitos.
En lugar de discutir un razonamiento se le reduce a un juicio de pertenencia al otro –y el otro es, en este sistema, sinónimo de enemigo–, o se procede a un juicio de intenciones. Y este sistema se desarrolla peligrosamente hasta el punto en que ya no solamente rechaza toda oposición, sino también toda diferencia: el que no está conmigo, está contra mí, y el que no está completamente conmigo, no está conmigo. Así como hay, según Kant, un verdadero abismo de la acción, que consiste en la exigencia de una entrega total a la “causa” absoluta y concibe toda duda y toda crítica como traición o como agresión.
Ahora sabemos, por una amarga experiencia, que este abismo de la acción, con sus guerras santas y sus orgías de fraternidad no es una característica exclusiva de ciertas épocas del pasado o de civilizaciones atrasadas en el desarrollo científico y técnico; que puede funcionar muy bien y desplegar todos sus efectos sin abolir una gran capacidad de inventiva y una eficacia macabra. Sabemos que ningún origen filosóficamente elevado o supuestamente divino, inmuniza a una doctrina contra el riesgo de caer en la interpretación propia de la lógica paranoide que afirma un discurso particular –todos lo son– como la designación misma de la realidad y los otros como ceguera o mentira.
El atractivo terrible que poseen las formaciones colectivas que se embriagan con la promesa de una comunidad humana no problemática, basada en una palabra infalible, consiste en que suprimen la indecisión y la duda, la necesidad de pensar por sí mismo, otorgan a sus miembros una identidad exaltada por la participación, separan un interior bueno –el grupo– y un exterior amenazador. Así como se ahorra sin duda la angustia, se distribuye mágicamente la ambivalencia en un amor por lo propio y un odio por lo extraño y se produce la más grande simplificación de la vida, la más espantosa facilidad. Y cuando digo aquí facilidad, no ignoro ni olvido que precisamente este tipo de formaciones colectivas, se caracterizan por una inaudita capacidad de entrega y sacrificios; que sus miembros aceptan y desean el heroísmo, cuando no aspiran a la palma del martirio. Facilidad, sin embargo, porque lo que el hombre teme por encima de todo no es la muerte y el sufrimiento, en los que tantas veces se refugia, sino la angustia que genera la necesidad de ponerse en cuestión, de combinar el entusiasmo y la crítica, el amor y el respeto.
Un síntoma inequívoco de la dominación de las ideologías proféticas y de los grupos que las generan o que someten a su lógica doctrinas que les fueron extrañas en su origen, es el descrédito en que cae el concepto de respeto.
No se quiere saber nada del respeto, ni de la reciprocidad, ni de la vigencia de normas universales. Estos valores aparecen más bien como males menores propios de un resignado escepticismo, como signos de que se ha abdicado a las más caras esperanzas. Porque el respeto y las normas sólo adquieren vigencia allí donde el amor, el entusiasmo, la entrega total a la gran misión, ya no pueden aspirar a determinar las relaciones humanas. Y como el respeto es siempre el respeto a la diferencia, sólo puede afirmarse allí donde ya no se cree que la diferencia pueda disolverse en una comunidad exaltada, transparente y espontánea, o en una fusión amorosa. No se puede respetar el pensamiento del otro, tomarlo seriamente en consideración, someterlo a sus consecuencias, ejercer sobre él una critica, válida también en principio para el pensamiento propio, cuando se habla desde la verdad misma, cuando creemos que la verdad habla por nuestra boca; porque entonces el pensamiento del otro sólo puede ser error o mala fe; y el hecho mismo de su diferencia con nuestra verdad es prueba contundente de su falsedad, sin que se requiera ninguna otra. Nuestro saber es el mapa de la realidad y toda línea que se separe de él sólo puede ser imaginaria o algo peor: voluntariamente torcida por inconfesables intereses. Desde la concepción apocalíptica de la historia las normas y las leyes de cualquier tipo, son vistas como algo demasiado abstracto y mezquino frente a la gran tarea de realizar el ideal y de encarnar la promesa; y por lo tanto sólo se reclaman y se valoran cuando ya no se cree en la misión incondicionada.
Pero lo que ocurre cuando sobreviene la gran desidealización no es generalmente que se aprenda a valorar positivamente lo que tan alegremente se había desechado, estimado sólo negativamente; lo que se produce entonces, casi siempre, es una verdadera ola de pesimismo, escepticismo y realismo cínico. Se olvida entonces que la crítica a una sociedad injusta, basada en la explotación y en la dominación de clase, era fundamentalmente correcta y que el combate por una organización social racional e igualitaria sigue siendo necesario y urgente. A la desidealización sucede el arribismo individualista que además piensa que ha superado toda moral por el sólo hecho de que ha abandonado toda esperanza de una vida cualitativamente superior.
Lo más difícil, lo más importante. Lo más necesario, lo que a todos modos hay que intentar, es conservar la voluntad de luchar por una sociedad diferente sin caer en la interpretación paranoide de la lucha. Lo difícil, pero también lo esencial es valorar positivamente el respeto y la diferencia, no como un mal menor y un hecho inevitable, sino como lo que enriquece la vida e impulsa la creación y el pensamiento, como aquello sin lo cual una imaginaria comunidad de los justos cantaría el eterno hosanna del aburrimiento satisfecho. Hay que poner un gran signo de interrogación sobre el valor de lo fácil; no solamente sobre sus consecuencias, sino sobre la cosa misma, sobre la predilección por todo aquello que no exige de nosotros ninguna superación, ni nos pone en cuestión, ni nos obliga a desplegar nuestras posibilidades.
Hay que observar con cuánta desgraciada frecuencia nos otorgamos a nosotros mismos, en la vida personal y colectiva, la triste facilidad de ejercer lo que llamaré una no reciprocidad lógica: Es decir, el empleo de un método explicativo completamente diferente cuando se trata de dar cuenta de los problemas, los fracasaos y los errores propios y los del otro cuando es adversario o cuando disputamos con él. En el caso del otro aplicamos el esencialismo: lo que ha hecho, lo que le ha pasado es una manifestación de su ser más profundo; en nuestro caso aplicamos el circunstancialismo, de manera que aún los mismos fenómenos se explican por las circunstancias adversas, por alguna desgraciada coyuntura. Él es así; yo me vi obligado. Él cosechó lo que había sembrado; yo no pude evitar este resultado. El discurso del otro no es más que de su neurosis, de sus intereses egoístas; el mío es una simple constatación de los hechos y una deducción lógica de sus consecuencias. Preferiríamos que nuestra causa se juzgue por los propósitos y la adversaria por los resultados.
Y cuando de este modo nos empeñamos en ejercer esa no reciprocidad lógica que es siempre una doble falsificación, no sólo irrespetamos al otro, sino también a nosotros mismos, puesto que nos negamos a pensar efectivamente el proceso que estamos viviendo.
La difícil tarea de aplicar un mismo método explicativo y crítico a nuestra posición y a la opuesta no significa desde luego que consideremos equivalentes las doctrinas, las metas y los intereses de las personas, los partidos, las clases y las naciones en conflicto. Significa por el contrario que tenemos suficiente confianza en la superioridad de la causa que defendemos, como para estar seguros de que no necesita, ni le conviene esa doble falsificación con la cual, en verdad, podría defenderse cualquier cosa.
En el carnaval de miseria y derroche propios del capitalismo tardío se oye a la vez lejana y urgente la voz de Goethe y Marx que nos convocaron a un trabajo creador, difícil, capaz de situar al individuo concreto a la altura de las conquistas de la humanidad.
Dostoievski nos enseño a mirar hasta donde van las tentaciones de tener una fácil relación interhumana: van sólo en el sentido de buscar el poder, ya que si no se puede lograr una amistad respetuosa en una empresa común se produce lo que Bahro llama intereses compensatorios: la búsqueda de amos, el deseo de ser vasallos, el anhelo de encontrar a alguien que nos libere de una vez por todas del cuidado de que nuestra vida tenga un sentido. Dostoievski entendió, hace más de un siglo, que la dificultad de nuestra liberación procede de nuestro amor a las cadenas. Amamos las cadenas, los amos, las seguridades porque nos evitan la angustia de la razón.
Pero en medio del pesimismo de nuestra época se sigue desarrollando el pensamiento histórico, el psicoanálisis, la antropología, el marxismo, el arte y la literatura. En medio del pesimismo de nuestra época surge la lucha de los proletarios que ya saben que un trabajo insensato no se paga con nada, ni con automóviles ni con televisores; surge la rebelión magnífica de las mujeres que no aceptan una situación de inferioridad a cambio de halagos y protecciones; surge la insurrección desesperada de los jóvenes que no pueden aceptar el destino que se les ha fabricado.
Este enfoque nuevo nos permite decir como Fausto:
"También esta noche, tierra, permaneciste firme. Y ahora renaces de nuevo a mi alrededor. Y alientas otra vez en mi la aspiración de luchar sin descanso por una altísima existencia".
Todas estas fantasías serían inocentes e inocuas, sino fuera porque constituyen el modelo de nuestros anhelos en la vida práctica.
Aquí mismo en los proyectos de la existencia cotidiana, más acá del reino de las mentiras eternas, introducimos también el ideal tonto de la seguridad garantizada; de las reconciliaciones totales; de las soluciones definitivas.
Puede decirse que nuestro problema no consiste solamente ni principalmente en que no seamos capaces de conquistar lo que nos proponemos, sino en aquello que nos proponemos: que nuestra desgracia no está tanto en la frustración de nuestros deseos, como en la forma misma de desear. Deseamos mal.
En lugar de desear una relación humana inquietante, compleja y perdible, que estimule nuestra capacidad de luchar y nos obligue a cambiar, deseamos un idilio sin sombras y sin peligros, un nido de amor, y por lo tanto, en última instancia un retorno al huevo. En vez de desear una sociedad en la que sea realizable y necesario trabajar arduamente para hacer efectivas nuestras posibilidades, deseamos un mundo de satisfacción, una monstruosa sala-cuna de abundancia pasivamente recibida.
En lugar de desear una filosofía llena de incógnitas y preguntas abiertas, queremos poseer una doctrina global, capaz de dar cuenta de todo, revelada por espíritus que nunca han existido o por caudillos que desgraciadamente sí han existido.
Adán y sobre todo Eva, tienen el mérito original de habernos liberado del paraíso, nuestro pecado es que anhelamos regresar a él.
Desconfiemos de las mañanas radiantes en las que se inicia un reino milenario. Son muy conocidos en la historia, desde la Antigüedad hasta hoy, los horrores a los que pueden y suelen entregarse los partidos provistos de una verdad y de una meta absolutas, las iglesias cuyos miembros han sido alcanzados por la gracia –por la desgracia– de alguna revelación. El estudio de la vida social y de la vida personal nos enseña cuán próximos se encuentran una de otro la idealización y el terror. La idealización del fin, de la meta y el terror de los medios que procurarán su conquista. Quienes de esta manera tratan de someter la realidad al ideal, entran inevitablemente en una concepción paranoide de la verdad; en un sistema de pensamiento tal, que los que se atreverían a objetar algo quedan inmediatamente sometidos a la interpretación totalitaria: sus argumentos, no son argumentos, sino solamente síntomas de una naturaleza dañada o bien máscaras de malignos propósitos.
En lugar de discutir un razonamiento se le reduce a un juicio de pertenencia al otro –y el otro es, en este sistema, sinónimo de enemigo–, o se procede a un juicio de intenciones. Y este sistema se desarrolla peligrosamente hasta el punto en que ya no solamente rechaza toda oposición, sino también toda diferencia: el que no está conmigo, está contra mí, y el que no está completamente conmigo, no está conmigo. Así como hay, según Kant, un verdadero abismo de la acción, que consiste en la exigencia de una entrega total a la “causa” absoluta y concibe toda duda y toda crítica como traición o como agresión.
Ahora sabemos, por una amarga experiencia, que este abismo de la acción, con sus guerras santas y sus orgías de fraternidad no es una característica exclusiva de ciertas épocas del pasado o de civilizaciones atrasadas en el desarrollo científico y técnico; que puede funcionar muy bien y desplegar todos sus efectos sin abolir una gran capacidad de inventiva y una eficacia macabra. Sabemos que ningún origen filosóficamente elevado o supuestamente divino, inmuniza a una doctrina contra el riesgo de caer en la interpretación propia de la lógica paranoide que afirma un discurso particular –todos lo son– como la designación misma de la realidad y los otros como ceguera o mentira.
El atractivo terrible que poseen las formaciones colectivas que se embriagan con la promesa de una comunidad humana no problemática, basada en una palabra infalible, consiste en que suprimen la indecisión y la duda, la necesidad de pensar por sí mismo, otorgan a sus miembros una identidad exaltada por la participación, separan un interior bueno –el grupo– y un exterior amenazador. Así como se ahorra sin duda la angustia, se distribuye mágicamente la ambivalencia en un amor por lo propio y un odio por lo extraño y se produce la más grande simplificación de la vida, la más espantosa facilidad. Y cuando digo aquí facilidad, no ignoro ni olvido que precisamente este tipo de formaciones colectivas, se caracterizan por una inaudita capacidad de entrega y sacrificios; que sus miembros aceptan y desean el heroísmo, cuando no aspiran a la palma del martirio. Facilidad, sin embargo, porque lo que el hombre teme por encima de todo no es la muerte y el sufrimiento, en los que tantas veces se refugia, sino la angustia que genera la necesidad de ponerse en cuestión, de combinar el entusiasmo y la crítica, el amor y el respeto.
Un síntoma inequívoco de la dominación de las ideologías proféticas y de los grupos que las generan o que someten a su lógica doctrinas que les fueron extrañas en su origen, es el descrédito en que cae el concepto de respeto.
No se quiere saber nada del respeto, ni de la reciprocidad, ni de la vigencia de normas universales. Estos valores aparecen más bien como males menores propios de un resignado escepticismo, como signos de que se ha abdicado a las más caras esperanzas. Porque el respeto y las normas sólo adquieren vigencia allí donde el amor, el entusiasmo, la entrega total a la gran misión, ya no pueden aspirar a determinar las relaciones humanas. Y como el respeto es siempre el respeto a la diferencia, sólo puede afirmarse allí donde ya no se cree que la diferencia pueda disolverse en una comunidad exaltada, transparente y espontánea, o en una fusión amorosa. No se puede respetar el pensamiento del otro, tomarlo seriamente en consideración, someterlo a sus consecuencias, ejercer sobre él una critica, válida también en principio para el pensamiento propio, cuando se habla desde la verdad misma, cuando creemos que la verdad habla por nuestra boca; porque entonces el pensamiento del otro sólo puede ser error o mala fe; y el hecho mismo de su diferencia con nuestra verdad es prueba contundente de su falsedad, sin que se requiera ninguna otra. Nuestro saber es el mapa de la realidad y toda línea que se separe de él sólo puede ser imaginaria o algo peor: voluntariamente torcida por inconfesables intereses. Desde la concepción apocalíptica de la historia las normas y las leyes de cualquier tipo, son vistas como algo demasiado abstracto y mezquino frente a la gran tarea de realizar el ideal y de encarnar la promesa; y por lo tanto sólo se reclaman y se valoran cuando ya no se cree en la misión incondicionada.
Pero lo que ocurre cuando sobreviene la gran desidealización no es generalmente que se aprenda a valorar positivamente lo que tan alegremente se había desechado, estimado sólo negativamente; lo que se produce entonces, casi siempre, es una verdadera ola de pesimismo, escepticismo y realismo cínico. Se olvida entonces que la crítica a una sociedad injusta, basada en la explotación y en la dominación de clase, era fundamentalmente correcta y que el combate por una organización social racional e igualitaria sigue siendo necesario y urgente. A la desidealización sucede el arribismo individualista que además piensa que ha superado toda moral por el sólo hecho de que ha abandonado toda esperanza de una vida cualitativamente superior.
Lo más difícil, lo más importante. Lo más necesario, lo que a todos modos hay que intentar, es conservar la voluntad de luchar por una sociedad diferente sin caer en la interpretación paranoide de la lucha. Lo difícil, pero también lo esencial es valorar positivamente el respeto y la diferencia, no como un mal menor y un hecho inevitable, sino como lo que enriquece la vida e impulsa la creación y el pensamiento, como aquello sin lo cual una imaginaria comunidad de los justos cantaría el eterno hosanna del aburrimiento satisfecho. Hay que poner un gran signo de interrogación sobre el valor de lo fácil; no solamente sobre sus consecuencias, sino sobre la cosa misma, sobre la predilección por todo aquello que no exige de nosotros ninguna superación, ni nos pone en cuestión, ni nos obliga a desplegar nuestras posibilidades.
Hay que observar con cuánta desgraciada frecuencia nos otorgamos a nosotros mismos, en la vida personal y colectiva, la triste facilidad de ejercer lo que llamaré una no reciprocidad lógica: Es decir, el empleo de un método explicativo completamente diferente cuando se trata de dar cuenta de los problemas, los fracasaos y los errores propios y los del otro cuando es adversario o cuando disputamos con él. En el caso del otro aplicamos el esencialismo: lo que ha hecho, lo que le ha pasado es una manifestación de su ser más profundo; en nuestro caso aplicamos el circunstancialismo, de manera que aún los mismos fenómenos se explican por las circunstancias adversas, por alguna desgraciada coyuntura. Él es así; yo me vi obligado. Él cosechó lo que había sembrado; yo no pude evitar este resultado. El discurso del otro no es más que de su neurosis, de sus intereses egoístas; el mío es una simple constatación de los hechos y una deducción lógica de sus consecuencias. Preferiríamos que nuestra causa se juzgue por los propósitos y la adversaria por los resultados.
Y cuando de este modo nos empeñamos en ejercer esa no reciprocidad lógica que es siempre una doble falsificación, no sólo irrespetamos al otro, sino también a nosotros mismos, puesto que nos negamos a pensar efectivamente el proceso que estamos viviendo.
La difícil tarea de aplicar un mismo método explicativo y crítico a nuestra posición y a la opuesta no significa desde luego que consideremos equivalentes las doctrinas, las metas y los intereses de las personas, los partidos, las clases y las naciones en conflicto. Significa por el contrario que tenemos suficiente confianza en la superioridad de la causa que defendemos, como para estar seguros de que no necesita, ni le conviene esa doble falsificación con la cual, en verdad, podría defenderse cualquier cosa.
En el carnaval de miseria y derroche propios del capitalismo tardío se oye a la vez lejana y urgente la voz de Goethe y Marx que nos convocaron a un trabajo creador, difícil, capaz de situar al individuo concreto a la altura de las conquistas de la humanidad.
Dostoievski nos enseño a mirar hasta donde van las tentaciones de tener una fácil relación interhumana: van sólo en el sentido de buscar el poder, ya que si no se puede lograr una amistad respetuosa en una empresa común se produce lo que Bahro llama intereses compensatorios: la búsqueda de amos, el deseo de ser vasallos, el anhelo de encontrar a alguien que nos libere de una vez por todas del cuidado de que nuestra vida tenga un sentido. Dostoievski entendió, hace más de un siglo, que la dificultad de nuestra liberación procede de nuestro amor a las cadenas. Amamos las cadenas, los amos, las seguridades porque nos evitan la angustia de la razón.
Pero en medio del pesimismo de nuestra época se sigue desarrollando el pensamiento histórico, el psicoanálisis, la antropología, el marxismo, el arte y la literatura. En medio del pesimismo de nuestra época surge la lucha de los proletarios que ya saben que un trabajo insensato no se paga con nada, ni con automóviles ni con televisores; surge la rebelión magnífica de las mujeres que no aceptan una situación de inferioridad a cambio de halagos y protecciones; surge la insurrección desesperada de los jóvenes que no pueden aceptar el destino que se les ha fabricado.
Este enfoque nuevo nos permite decir como Fausto:
"También esta noche, tierra, permaneciste firme. Y ahora renaces de nuevo a mi alrededor. Y alientas otra vez en mi la aspiración de luchar sin descanso por una altísima existencia".
TALLER: “Elogio de la
Dificultad”
Especial
saludo para todos y todas. Ésta es la actividad que les propongo:
Una vez leído y analizado el texto titulado: “Elogio de la dificultad”, que indudablemente es un texto un poco difícil de leer pero entendible, si nos lo proponemos; frente al texto:
Una vez leído y analizado el texto titulado: “Elogio de la dificultad”, que indudablemente es un texto un poco difícil de leer pero entendible, si nos lo proponemos; frente al texto:
11. Realizar un glosario con
las palabras no reconocidas dentro del texto y encontrar su significado.
22. Hacer un comentario al
texto. Que nos enseña?
33. Cuales serían los
principales elementos del texto, en relación con la ética y los valores?
44. Que significa, para
Estanislao Zuleta: RESPETO?
55.
Las actividades realizadas hasta el momento, qué nos sugiere que
cambiemos en nuestra vida cotidiana, en nuestra familia y en nuestro salón de
clase?
miércoles, 25 de noviembre de 2020
Película VALIOSA PROMESA. Ficha: 2184831
Muy buenos días a todos y todas. De acuerdo con la Guía de Aprendizaje, la próxima actividad es una película. En el enlace que les dejo a continuación, encuentran el link para poder ver la película VALIOSA PROMESA. Y más abajo un taller sobre la misma. Por favor vean la película, disfrútenla, compártanla con sus amigos y familiares. Una vez vista, realicen el taller que les propongo. Me lo envían vía correo electrónico. Recuerden tener en cuenta lo que ya sabemos sobre la DIGNIDAD HUMANA y sobre el RESPETO.
https://www.youtube.com/watch?v=Jy5B1E7RuGE
Este es el taller que les propongo sobre la película vista.
1 1. Realice una reflexión sobre el personaje: Elmer Jackson… El padre de los niños. Como le parece éste señor?
2 2. Haga una lista de los personajes que tomaron decisiones a lo largo de la trama de la película Valiosa Promesa.
3 3. Establezca las características de las decisiones tomadas por esos personajes. Cómo se lleva a cabo el proceso de toma de decisiones?
4 4. Busca una definición de "PERVERSIDAD". Cuáles de estos personajes le parecen perverso? Por qué?
5 5. Cómo le parece la actitud del Médico Psiquiatra que al final permite que Richard y la familia se reencuentre?
6. Que valores negativos (anti valores) ve que se muestran en toda la película?
3 7. Que valores positivos (valores) ve que se muestran en la película?
6. Que valores negativos (anti valores) ve que se muestran en toda la película?
3 7. Que valores positivos (valores) ve que se muestran en la película?
jueves, 12 de noviembre de 2020
Vídeo 1 EL MITO DE LA CAVERNA DE PLATÓN Ficha: 2184831
La idea es: Escribir en el cuaderno LOS APRENDIZAJES que nos deja este video. Hacerlo de tal manera que lo puedan enviar al correo asignado por el instructor
Video 2. EL MITO DE LA CAVERNA DE PLATON Ficha: 2184831
Vamos a hacer lo mismo: escribir en nuestros cuadernos, LOS APRENDIZAJES que nos deje este video. Hacerlo también de tal manera que puedan enviar el documento al correo asignado por el instructor
EL MITO DE LA CAVERNA DE PLATON. Texto FICHA: 2184831
PLATÓN: EL MITO DE LA
CAVERNA
--Ahora,
continué, imagínate nuestra naturaleza, por lo que se refiere a la ciencia, y a
la ignorancia, mediante la siguiente escena. Imagina unos hombres en una
habitación subterránea en forma de caverna con una gran abertura del lado de la
luz. Se encuentran en ella desde su niñez, sujetos por cadenas que les
inmovilizan las piernas y el cuello, de tal manera que no pueden ni cambiar de
sitio ni volver la cabeza, y no ven más que lo que está delante de ellos. La
luz les viene de un fuego encendido a una cierta distancia detrás de ellos
sobre una eminencia del terreno. Entre ese fuego y los prisioneros, hay un
camino elevado, a lo largo del cual debes imaginar un pequeño muro semejante a
las barreras que los ilusionistas levantan entre ellos y los espectadores y por
encima de las cuales muestran sus prodigios.
--Ya lo veo, dijo. --Piensa ahora que a lo
largo de este muro unos hombres llevan objetos de todas clases, figuras de hombres
y de animales de madera o de piedra, v de mil formas distintas, de manera que
aparecen por encima del muro. Y naturalmente entre los hombres que pasan, unos
hablan y otros no dicen nada. --Es esta una extraña escena y unos extraños
prisioneros, dijo. --Se parecen a nosotros, respondí. Y ante todo, ¿crees que
en esta situación verán otra cosa de sí mismos y de los que están a su lado que
unas sombras proyectadas por la luz del fuego sobre el fondo de la caverna que
está frente a ellos.
--No, puesto
que se ven forzados a mantener toda su vida la cabeza inmóvil. --¿Y no ocurre
lo mismo con los objetos que pasan por detrás de ellos? --Sin duda. --Y si
estos hombres pudiesen conversar entre sí, ¿no crees que creerían nombrar a las
cosas en sí nombrando las sombras que ven pasar?
--Necesariamente.
--Y si hubiese un eco que devolviese los sonidos desde el fondo de la prisión,
cada vez que hablase uno de los que pasan, ¿no creerían que oyen hablar a la
sombra misma que pasa ante sus ojos? --Sí, por Zeus, exclamó. --En resumen,
¿estos prisioneros no atribuirán realidad más que a estas sombras?
--Es
inevitable. --Supongamos ahora que se les libre de sus cadenas y se les cure de
su error; mira lo que resultaría naturalmente de la nueva situación en que
vamos a colocarlos. Liberamos a uno de estos prisioneros. Le obligamos a
levantarse, a volver la cabeza, a andar y a mirar hacia el lado de la luz: no
podrá hacer nada de esto sin sufrir, y el deslumbramiento le impedirá
distinguir los objetos cuyas sombras antes veía. Te pregunto qué podrá
responder si alguien le dice que hasta entonces sólo había contemplado sombras
vanas, pero que ahora, más cerca de la realidad y vuelto hacia objetos más
reales, ve con más perfección; y si por último, mostrándole cada objeto a medida
que pasa, se le obligase a fuerza de preguntas a decir qué es, ¿no crees que se
encontrará en un apuro, y que le parecerá más verdadero lo que veía antes que
lo que ahora le muestran? --Sin duda, dijo.
--Y si se le obliga a mirar la misma luz, ¿no
se le dañarían los ojos? ¿No apartará su mirada de ella para dirigirla a esas
sombras que mira sin esfuerzo? ¿No creerá que estas sombras son realmente más
visibles que los objetos que le enseñan? --Seguramente.
--Y si ahora
lo arrancamos de su caverna a viva fuerza y lo llevamos por el sendero áspero y
escarpado hasta la claridad del sol, ¿esta violencia no provocará sus quejas y
su cólera?
Y cuando
esté ya a pleno sol, deslumbrado por su resplandor, ¿podrá ver alguno de los
objetos que llamamos verdaderos? --No podrá, al menos los primeros instantes.
--Sus ojos
deberán acostumbrarse poco a poco a esta región superior. Lo que más fácilmente
verá al principio serán las sombras, después las imágenes de los hombres y de
los demás objetos reflejadas en las aguas, y por último los objetos mismos. De
ahí dirigirá sus miradas al cielo, y soportará más fácilmente la vista del
cielo durante la noche, cuando contemple la luna y las estrellas, que durante
el día el sol y su resplandor.
--Así lo
creo.
--Y creo que
al fin podrá no sólo ver al sol reflejado en las aguas o en cualquier otra
parte, sino contemplarlo a él mismo en su verdadero asiento. --Indudablemente.
--Después de
esto, poniéndose a pensar, llegará a la conclusión de que el sol produce las
estaciones y los años, lo gobierna todo en el mundo visible y es en cierto modo
la causa de lo que ellos veían en la caverna.
--Es evidente que llegará a esta conclusión
siguiendo estos pasos. --Y al acordarse entonces de su primera habitación y de
sus conocimientos allí y de sus compañeros de cautiverio, ¿no se sentirá feliz
por su cambio y no compadecerá a los otros? Ciertamente.
--Y si en su
vida anterior hubiese habido honores, alabanzas, recompensas públicas
establecidas entre ellos para aquel que observase mejor las sombras a su paso,
que recordase mejor en qué orden acostumbran a precederse, a seguirse o a
aparecer juntas y que por ello fuese el más hábil en pronosticar su aparición,
¿crees que el hombre de que hablamos sentiría nostalgia de estas distinciones,
y envidiaría a los más señalados por sus honores o autoridad entre sus
compañeros de cautiverio?
¿.No crees
más bien que será como el héroe de Homero y preferirá mil veces no ser más «que
un mozo de labranza al servicio de un pobre campesino» y sufrir todos los males
posibles antes que volver a su primera ilusión y vivir como vivía? --No dudo
que estaría dispuesto a sufrirlo todo antes que vivir como anteriormente.
--Imagina
ahora que este hombre vuelva a la caverna y se siente en su antiguo lugar. ¿No
se le quedarían los ojos como cegados por este paso súbito a la obscuridad?
--Sí, no hay duda. --Y si, mientras su vista aún está confusa, antes de que sus
ojos se hayan acomodado de nuevo a la obscuridad, tuviese que dar su opinión
sobre estas sombras y discutir sobre ellas con sus compañeros que no han
abandonado el cautiverio, ¿no les daría que reír? ¿No dirán que por haber
subido al exterior ha perdido la vista, y no vale la pena intentar la
ascensión? Y si alguien intentase desatarlos y llevarlos allí, ¿no lo matarían,
si pudiesen cogerlo y matarlo?
--Es muy
probable. --Ésta es precisamente, mi querido Glaucón, la imagen de nuestra
condición. La caverna subterránea es el mundo visible. El fuego que la ilumina,
es la luz del sol. Este prisionero que sube a la región superior y contempla
sus maravillas, es el alma que se eleva al mundo inteligible. Esto es lo que yo
pienso, ya que quieres conocerlo; sólo Dios sabe si es verdad. En todo caso, yo
creo que en los últimos límites del mundo inteligible está la idea del bien,
que percibimos con dificultad, pero que no podemos contemplar sin concluir que
ella es la causa de todo lo bello y bueno que existe. Que en el mundo visible
es ella la que produce la luz y el astro de la que procede.
Que en el
mundo inteligible es ella también la que produce la verdad y la inteligencia. Y
por último que es necesario mantener los ojos fijos en esta idea para
conducirse con sabiduría, tanto en la vida privada como en la pública.
Yo también
lo veo de esta manera, dijo, hasta el punto de que puedo seguirte. [. . .]
--Por tanto, si todo esto es verdadero, dije yo, hemos de llegar a la
conclusión de que la ciencia no se aprende del modo que algunos pretenden.
Afirman que pueden hacerla entrar en el alma en donde no está, casi lo mismo
que si diesen la vista a unos ojos ciegos. --Así dicen, en efecto, dijo
Glaucón.
--Ahora
bien, lo que hemos dicho supone al contrario que toda alma posee la facultad de
aprender, un órgano de la ciencia; y que, como unos ojos que no pudiesen
volverse hacia la luz si no girase también el cuerpo entero, el órgano de la
inteligencia debe volverse con el alma entera desde la visión de lo que nace
hasta la contemplación de lo que es y lo que hay más luminoso en el ser; y a
esto hemos llamado el bien, ¿no es así?
--Sí. --Todo
el arte, continué, consiste pues en buscar la manera más fácil y eficaz con que
el alma pueda realizar la conversión que debe hacer. No se trata de darle la
facultad de ver, ya la tiene. Pero su órgano no está dirigido en la buena
dirección, no mira hacia donde debiera: esto es lo que se debe corregir.
--Así parece, dijo Glaucón. __
República
Vll; 514a_517c y 518b_d. (R. Verneaux, Textos de los grandes filósofos. Edad
antigua, Herder, Barcelona 1982, p. 26-30).
Lo mismo, que con los videos anteriores. Escribamos en nuestro cuaderno, los aprendizajes que nos deje esta lectura. Hacerlo de tal manera que puedan enviarlo al correo asignado por el instructor
ÉXITOS¡¡¡
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